viernes, 21 de diciembre de 2012

Ofrenda


Que pase el rato. Que pase el rato mientras yo te elijo para reír, para darte las manos y el tiempo, para crear y recrear lo cotidiano que acaricia el alma y espanta los miedos a lo desconocido.  Hay luz. Hay luz en tu boca abierta. Quisiera descansar mi frente en tus hombros. Quedarme allí la eternidad de mis suspiros y enarbolar luego ese brillo en los ojos que ha de disparar curiosidades ajenas.
Y dejar todas las puertas abiertas y el viento y la tierra y los recuerdos pasan o ruedan o se van... se van cayendo al abismo, no tienen ya más soportes.
Darte mis manos. Mis manos vacías. Tengo calor en ellas de cariños retenidos.
Porque entretanto, mientras espero tus brazos, sueño conquistas que no son, que no serán. Mis cuadernos las dibujan una y otra vez.
Tendré que bajar la mirada, dejar escapar el dolor y el deseo, y pintar nuevamente el silencio aterrador de mi alma.
Una y mil veces he dicho tu nombre en silencio.
Tu nombre me acompaña.

Tu abrazo


Que a veces es refugio de mis penas. Que otras tantas convoca mis pasiones. Que es el espacio de mi libertad, inmenso y seguro. Que tiene la virtud de la distancia perfecta. Que intuye mis humores. Que sabe recibirme por entero. Que es refugio y es escape. Que construye la justa dimensión de mi deseo. Que cada vez es como la primera vez. Que en cada paso me enseña a sentirme acompañada.

Quiero tu abrazo. Quiero tu abrazo.

Yo estoy abrazándote
una y otra vez
en cada nuevo abrazo que comparto.

sábado, 22 de septiembre de 2012

La prisión del azar

Si te convido de mi intimidad querrás ser dueño de ella, propietario de algo inasible.  La frustración será tu constante y yo querré romper las cadenas de esa posesión que me aleja de mí.
Si te descuento los días de tu histeria-seducción en juego, el velo contundente de tu imaginación te mentirá una victoria en la conquista.  Querrás huir de la falsa seguridad de tenerme.  No te seguiré, ajena a tus reflejos de supervivencia.
Si te obsequio la paciencia de ocupar este espacio justo de distancia a merced de tu voluntad, me encontraré poderosa.  El puente, agonizante de cimientos, caerá apenas comencemos a cruzarlo.  Te sentirás estafado. Me sentiré estafada.  Lloraremos desamor y vacío.
Acaso lo único predecible sea siempre la falta de sinceridad, de valentía, de capacidad de sorpresa y goce de puros presentes en el encuentro. ¿inevitables predicciones? ¿inevitables los deseos de jugar con el azar?
Culparemos al destino.  Y no nos haremos las preguntas correctas. Y no querremos confesarnos las respuestas.
La curiosidad es mejor sobreviviente, por eso aún estoy aquí, tras el cristal donde me lees.
Me quedo encontrándote en el desencuentro.

viernes, 1 de enero de 2010

CREENCIAS

Yo creo en la inocencia,
en la simpleza de la vida y el amor,
en los relojes que vomitan horas desiguales,
en la inconciencia de vivir mundos distintos,
en el silencio que une,
en el silencio que provoca abismos,

en recuerdos de tiempos pasados,

en la figura del hombre que amo,
en el entierro de vulgares odios que alguna vez fueron,
en las gotas de lluvia que aplastan la tierra,
en esas palabras santas que construyeron nuestros héroes,
en un errante andar de pasos vagabundos,

en casi todas las cosas reales y visibles,

en mi sonrisa, a veces falsa, a veces tierna,
en tu sonrisa, a veces amiga, a veces amante,
en cuanto sueño llega hasta mis manos,
en la esperanza de alcanzar el horizonte,
en un minuto que agolpa siglos de experiencia,

en el último recuerdo antes de la muerte,

en el ruido del alma cuando desespera,
en alguna herida que sangra y se desangra,
en las palabras que dijeron y prohibieron,
en los sucesos extraños que marcan una vida,
en la existencia de ángeles y brujos,
en cinco estrofas sintetizando sentimientos.

Creo en todo ello
y además puedo creer todo lo contrario,
sin motivos que me justifiquen,
claro que igual estoy creyedo en algo.

NO SE PUEDE NO CREER.

Yo creo en el sentido de la vida
más allá de dioses y sectas,
creo en las lindas sensaciones de cada día
que no hacen caso de la muerte
y creo en la amistad y en el amor
sin que nadie prometa eternidad después de ello.
Creo en la voluntad propia del hombre
y creo sin embargo que nos mueve algo mayor.
Yo creo en la tristeza dulce que asoma
sus narices cuando pienso mil cosas,
desenterrando mis vocablos olvidados
y encendiendo mis manos con poemas súbitos.

Cuando el asombro me empuja unos cuantos pasos
y la curiosidad rumia tres o cuatro hipótesis
yo creo en todo.
No se puede no creer.

Y qué remedio... lo que no es, no es

Jamás conocerás
mis rincones brumosos y congelados, jamás.
Jamás podrás limpiar
mis lágrimas de desesperación o hastío
ni recibirás la dedicatoria
de mis sonrisas más brillantes,
ni sentiras el temblor febril
de mi cuerpo cuando ama.

Jamás poblarás mis sueños
ni lograrás que tu abrazome abrace.
Jamás tendrás mi alma
ni mi vida
ni mi espera
ni mi entrega.
Jamás.

Jamás te llegará de mis labios exagües
condición ni reclamos
ni te atacarán mis celos
a pesar de tus engaños.
Jamás.

Y jamás seré totalmente tuya
ni totalmente exacta
o entera
o asible
o real.
Jamás sabrás si te he amado.
Paula
Llega a casa de Omar, tal como habían quedado el día anterior, a las 9:45 (quince minutos de retraso, para no quedar mal). Se detiene frente al portón de vidrio pero no golpea… espera unos segundos parada inmóvil intentando encontrar las razones de su presencia allí. No las evoca claramente. Buscando en su interior recuerda el poema que le enviara hoy Diego por mail. Palabras de amor y entrega total. Sólo que Diego está lejos, muy lejos, y además el pertenece a otra. Paula sonríe, gustosa de saberse amada a pesar de todo. Definitivamente, no le importan las circunstancias de esa pasión clandestina. La hace sentir viva. Y justamente es también por eso que se encuentra hoy aquí, frente al portón de Omar, para buscar otra excusa que le permita negar al tedio que la acecha hace tiempo.
Está segura que hoy Omar querrá llevarla a la cama, luciéndose viril y seductor. Ella lo dejará hacer, mansa y femenina, para rescatar emociones que enterró hace tanto tiempo.Lista, al fin, golpea la puerta.

Diego
Sale apurado de la reunión de Consejo, cansado y con un fuerte dolor de cabeza. Hace tiempo que dejó de sentir emoción por esas reuniones y por su trabajo. En el hall lo detiene su jefe para darle indicaciones sobre el artículo que debe publicarse el jueves. Lo escucha un momento y luego se disculpa aduciendo malestar. Sale al amplio pasillo de la Legislatura, el viento caliente golpea su rostro. Se detiene un instante en la balaustrada y mira detenidamente esas montañas que tanto ama. Detrás de ellas se encuentra Paula, a quinientos kilómetros de distancia, en la ciudad que alguna vez conoció. En un rapto de inspiración escribe para ella un poema lleno de emociones que creía olvidadas. Paula lo resucitó. Paula despertó en él todos sus sueños dorados. Sus amigos creen que está loco al asegurar que ama a sus dos mujeres: su esposa, y Paula. Pero él entiende que debe ser así, que es natural y no habría manera de evitarlo. A su esposa la ama todos los días, a Paula sólo con palabras.
Termina el poema y se dirige presuroso a su oficina, a enviar el mail que habrá de cautivar a su Paula. Otro más de los tantos que le escribe diariamente, hace ya casi dos años.

Omar
Omar se levanta esa mañana con ansiedad. Hoy vendrá ella. Han quedado en verse. Quiere saber si sus fantasías se harán realidad. Ella le gusta, en cierta forma se siente atraído. El primer día que la vió, algo en su ser le indicó que esta mujer era especial. Después tuvieron ocasión de charlar toda una noche y a medida que ella le hablaba él sólo pensaba en que quería llevarla a la cama. Eso es lo que hacía con todas las mujeres que le resultaban interesantes.
Pero además estaban las señales. El sabe bien que debe estar atento a las señales. La primera señal fue una sensación casi imperceptible en la piel, al verla. Después, la segunda, cuando ella le habló de su búsqueda espiritual, tema que viene revisando hace tiempo. Le habla de un libro que él ya leyó antes, y eso él lo interpreta como otra señal.
De todos modos, nada ha de desviarlo de sus sueños presentes. Quiere volar a través de la música, su música. Ha descubierto que puede ser muchas cosas más de las que es. Le habló a Paula de eso como le ha hablado a cuanta persona se le cruzó. Pero ella es la única que parece entenderlo. Sonríe. Se siente niño, después de haber estado muerto tantos años. Y se siente invencible…Tocan la puerta, Omar se despide de la imagen creada en su mente y corre a recibir a Paula.

Federico
Federico toma mate. Recuerda el momento en que estaban sentados en la cocina pequeñísima de Paula. Federico se frota la barbilla para borrar la sensación de tirantez que le dejó el baño. Fue a visitar a Paula para decirle, como tantas otras veces, “¿me hacés unos mimos?”
Paula es su amiga del alma, hermana de la vida, compañera de andanzas desde la adolescencia. Federico piensa en cuánto la quiere y en lo fantástica que es esa relación.Paula lo miró entre divertida y nerviosa. Le cuenta su encuentro con Omar, le describe sus temores a perder la libertad que tanto ama. Y él le dice: “¿me hacés unos mimos?”
Ella mintió un compromiso inamovible. Él sabe que mintió y que la verdad es que no le parece correcto hacer el amor con él, no esta tarde, porque aún tiene el recuerdo de Omar en su cuerpo.
“Me voy, entonces”, dijo él. Se fue porque necesitaba sólo mentirse a sí mismo, imaginando un amor que no existe.

MIENTRAS SE QUEJA EL BANDONEÓN

El aire de la tarde despierta el recuerdo
de ese tango pegado en nuestros cuerpos,
el retorno de exquisitas sensaciones,
el torbellino de las risas y el deseo.
Mi voluntad cede el espacio a la conquista
que se define en el abrazo estrecho,
tus ojos que se callan las palabras,
mis ojos que se roban tus silencios.
La emoción de ser parte de la música,
ese tango no existía… hoy es nuestro,
y los lugares, nuestros rincones, esos detalles,
que antes no eran, ahora son eternos.
Bailar de a dos nunca fue tan simple,
la luna se hace cómplice del viento,
el viento nos obsequia sus caricias heladas,
yo buscando cobijarme en tu pecho.
Y otra vez tu mirada y mi mirada
celebrando el instante de un encuentro,
el impulso de dejarme llevar,
el sabor de tu boca en mis besos.
El cuidado de no acercarnos demasiado,
los temores a permanecer tan lejos
y guardar la distancia perfecta
que podrá resguardarnos del tiempo.
Suena el final de ese tango subyugante
que adivina nuestro pacto secreto,
tus ojos que se callan las palabras,
mis ojos que se roban tus silencios.