Yo creo en la inocencia,
en la simpleza de la vida y el amor,
en los relojes que vomitan horas desiguales,
en la inconciencia de vivir mundos distintos,
en el silencio que une,
en el silencio que provoca abismos,
en recuerdos de tiempos pasados,
en la figura del hombre que amo,
en el entierro de vulgares odios que alguna vez fueron,
en las gotas de lluvia que aplastan la tierra,
en esas palabras santas que construyeron nuestros héroes,
en un errante andar de pasos vagabundos,
en casi todas las cosas reales y visibles,
en mi sonrisa, a veces falsa, a veces tierna,
en tu sonrisa, a veces amiga, a veces amante,
en cuanto sueño llega hasta mis manos,
en la esperanza de alcanzar el horizonte,
en un minuto que agolpa siglos de experiencia,
en el último recuerdo antes de la muerte,
en el ruido del alma cuando desespera,
en alguna herida que sangra y se desangra,
en las palabras que dijeron y prohibieron,
en los sucesos extraños que marcan una vida,
en la existencia de ángeles y brujos,
en cinco estrofas sintetizando sentimientos.
Creo en todo ello
y además puedo creer todo lo contrario,
sin motivos que me justifiquen,
claro que igual estoy creyedo en algo.
NO SE PUEDE NO CREER.
Yo creo en el sentido de la vida
más allá de dioses y sectas,
creo en las lindas sensaciones de cada día
que no hacen caso de la muerte
y creo en la amistad y en el amor
sin que nadie prometa eternidad después de ello.
Creo en la voluntad propia del hombre
y creo sin embargo que nos mueve algo mayor.
Yo creo en la tristeza dulce que asoma
sus narices cuando pienso mil cosas,
desenterrando mis vocablos olvidados
y encendiendo mis manos con poemas súbitos.
Cuando el asombro me empuja unos cuantos pasos
y la curiosidad rumia tres o cuatro hipótesis
yo creo en todo.
No se puede no creer.
Poesía Palabras Sentimientos Sensaciones Mis manos incansables Mi espíritu inquieto
viernes, 1 de enero de 2010
Y qué remedio... lo que no es, no es
Jamás conocerás
mis rincones brumosos y congelados, jamás.
Jamás podrás limpiar
mis lágrimas de desesperación o hastío
ni recibirás la dedicatoria
de mis sonrisas más brillantes,
ni sentiras el temblor febril
de mi cuerpo cuando ama.
Jamás poblarás mis sueños
ni lograrás que tu abrazome abrace.
Jamás tendrás mi alma
ni mi vida
ni mi espera
ni mi entrega.
Jamás.
Jamás te llegará de mis labios exagües
condición ni reclamos
ni te atacarán mis celos
a pesar de tus engaños.
Jamás.
Y jamás seré totalmente tuya
ni totalmente exacta
o entera
o asible
o real.
Jamás sabrás si te he amado.
mis rincones brumosos y congelados, jamás.
Jamás podrás limpiar
mis lágrimas de desesperación o hastío
ni recibirás la dedicatoria
de mis sonrisas más brillantes,
ni sentiras el temblor febril
de mi cuerpo cuando ama.
Jamás poblarás mis sueños
ni lograrás que tu abrazome abrace.
Jamás tendrás mi alma
ni mi vida
ni mi espera
ni mi entrega.
Jamás.
Jamás te llegará de mis labios exagües
condición ni reclamos
ni te atacarán mis celos
a pesar de tus engaños.
Jamás.
Y jamás seré totalmente tuya
ni totalmente exacta
o entera
o asible
o real.
Jamás sabrás si te he amado.
Paula
Llega a casa de Omar, tal como habían quedado el día anterior, a las 9:45 (quince minutos de retraso, para no quedar mal). Se detiene frente al portón de vidrio pero no golpea… espera unos segundos parada inmóvil intentando encontrar las razones de su presencia allí. No las evoca claramente. Buscando en su interior recuerda el poema que le enviara hoy Diego por mail. Palabras de amor y entrega total. Sólo que Diego está lejos, muy lejos, y además el pertenece a otra. Paula sonríe, gustosa de saberse amada a pesar de todo. Definitivamente, no le importan las circunstancias de esa pasión clandestina. La hace sentir viva. Y justamente es también por eso que se encuentra hoy aquí, frente al portón de Omar, para buscar otra excusa que le permita negar al tedio que la acecha hace tiempo.
Está segura que hoy Omar querrá llevarla a la cama, luciéndose viril y seductor. Ella lo dejará hacer, mansa y femenina, para rescatar emociones que enterró hace tanto tiempo.Lista, al fin, golpea la puerta.
Diego
Sale apurado de la reunión de Consejo, cansado y con un fuerte dolor de cabeza. Hace tiempo que dejó de sentir emoción por esas reuniones y por su trabajo. En el hall lo detiene su jefe para darle indicaciones sobre el artículo que debe publicarse el jueves. Lo escucha un momento y luego se disculpa aduciendo malestar. Sale al amplio pasillo de la Legislatura, el viento caliente golpea su rostro. Se detiene un instante en la balaustrada y mira detenidamente esas montañas que tanto ama. Detrás de ellas se encuentra Paula, a quinientos kilómetros de distancia, en la ciudad que alguna vez conoció. En un rapto de inspiración escribe para ella un poema lleno de emociones que creía olvidadas. Paula lo resucitó. Paula despertó en él todos sus sueños dorados. Sus amigos creen que está loco al asegurar que ama a sus dos mujeres: su esposa, y Paula. Pero él entiende que debe ser así, que es natural y no habría manera de evitarlo. A su esposa la ama todos los días, a Paula sólo con palabras.
Termina el poema y se dirige presuroso a su oficina, a enviar el mail que habrá de cautivar a su Paula. Otro más de los tantos que le escribe diariamente, hace ya casi dos años.
Omar
Omar se levanta esa mañana con ansiedad. Hoy vendrá ella. Han quedado en verse. Quiere saber si sus fantasías se harán realidad. Ella le gusta, en cierta forma se siente atraído. El primer día que la vió, algo en su ser le indicó que esta mujer era especial. Después tuvieron ocasión de charlar toda una noche y a medida que ella le hablaba él sólo pensaba en que quería llevarla a la cama. Eso es lo que hacía con todas las mujeres que le resultaban interesantes.
Pero además estaban las señales. El sabe bien que debe estar atento a las señales. La primera señal fue una sensación casi imperceptible en la piel, al verla. Después, la segunda, cuando ella le habló de su búsqueda espiritual, tema que viene revisando hace tiempo. Le habla de un libro que él ya leyó antes, y eso él lo interpreta como otra señal.
De todos modos, nada ha de desviarlo de sus sueños presentes. Quiere volar a través de la música, su música. Ha descubierto que puede ser muchas cosas más de las que es. Le habló a Paula de eso como le ha hablado a cuanta persona se le cruzó. Pero ella es la única que parece entenderlo. Sonríe. Se siente niño, después de haber estado muerto tantos años. Y se siente invencible…Tocan la puerta, Omar se despide de la imagen creada en su mente y corre a recibir a Paula.
Federico
Federico toma mate. Recuerda el momento en que estaban sentados en la cocina pequeñísima de Paula. Federico se frota la barbilla para borrar la sensación de tirantez que le dejó el baño. Fue a visitar a Paula para decirle, como tantas otras veces, “¿me hacés unos mimos?”
Paula es su amiga del alma, hermana de la vida, compañera de andanzas desde la adolescencia. Federico piensa en cuánto la quiere y en lo fantástica que es esa relación.Paula lo miró entre divertida y nerviosa. Le cuenta su encuentro con Omar, le describe sus temores a perder la libertad que tanto ama. Y él le dice: “¿me hacés unos mimos?”
Ella mintió un compromiso inamovible. Él sabe que mintió y que la verdad es que no le parece correcto hacer el amor con él, no esta tarde, porque aún tiene el recuerdo de Omar en su cuerpo.
“Me voy, entonces”, dijo él. Se fue porque necesitaba sólo mentirse a sí mismo, imaginando un amor que no existe.
Llega a casa de Omar, tal como habían quedado el día anterior, a las 9:45 (quince minutos de retraso, para no quedar mal). Se detiene frente al portón de vidrio pero no golpea… espera unos segundos parada inmóvil intentando encontrar las razones de su presencia allí. No las evoca claramente. Buscando en su interior recuerda el poema que le enviara hoy Diego por mail. Palabras de amor y entrega total. Sólo que Diego está lejos, muy lejos, y además el pertenece a otra. Paula sonríe, gustosa de saberse amada a pesar de todo. Definitivamente, no le importan las circunstancias de esa pasión clandestina. La hace sentir viva. Y justamente es también por eso que se encuentra hoy aquí, frente al portón de Omar, para buscar otra excusa que le permita negar al tedio que la acecha hace tiempo.
Está segura que hoy Omar querrá llevarla a la cama, luciéndose viril y seductor. Ella lo dejará hacer, mansa y femenina, para rescatar emociones que enterró hace tanto tiempo.Lista, al fin, golpea la puerta.
Diego
Sale apurado de la reunión de Consejo, cansado y con un fuerte dolor de cabeza. Hace tiempo que dejó de sentir emoción por esas reuniones y por su trabajo. En el hall lo detiene su jefe para darle indicaciones sobre el artículo que debe publicarse el jueves. Lo escucha un momento y luego se disculpa aduciendo malestar. Sale al amplio pasillo de la Legislatura, el viento caliente golpea su rostro. Se detiene un instante en la balaustrada y mira detenidamente esas montañas que tanto ama. Detrás de ellas se encuentra Paula, a quinientos kilómetros de distancia, en la ciudad que alguna vez conoció. En un rapto de inspiración escribe para ella un poema lleno de emociones que creía olvidadas. Paula lo resucitó. Paula despertó en él todos sus sueños dorados. Sus amigos creen que está loco al asegurar que ama a sus dos mujeres: su esposa, y Paula. Pero él entiende que debe ser así, que es natural y no habría manera de evitarlo. A su esposa la ama todos los días, a Paula sólo con palabras.
Termina el poema y se dirige presuroso a su oficina, a enviar el mail que habrá de cautivar a su Paula. Otro más de los tantos que le escribe diariamente, hace ya casi dos años.
Omar
Omar se levanta esa mañana con ansiedad. Hoy vendrá ella. Han quedado en verse. Quiere saber si sus fantasías se harán realidad. Ella le gusta, en cierta forma se siente atraído. El primer día que la vió, algo en su ser le indicó que esta mujer era especial. Después tuvieron ocasión de charlar toda una noche y a medida que ella le hablaba él sólo pensaba en que quería llevarla a la cama. Eso es lo que hacía con todas las mujeres que le resultaban interesantes.
Pero además estaban las señales. El sabe bien que debe estar atento a las señales. La primera señal fue una sensación casi imperceptible en la piel, al verla. Después, la segunda, cuando ella le habló de su búsqueda espiritual, tema que viene revisando hace tiempo. Le habla de un libro que él ya leyó antes, y eso él lo interpreta como otra señal.
De todos modos, nada ha de desviarlo de sus sueños presentes. Quiere volar a través de la música, su música. Ha descubierto que puede ser muchas cosas más de las que es. Le habló a Paula de eso como le ha hablado a cuanta persona se le cruzó. Pero ella es la única que parece entenderlo. Sonríe. Se siente niño, después de haber estado muerto tantos años. Y se siente invencible…Tocan la puerta, Omar se despide de la imagen creada en su mente y corre a recibir a Paula.
Federico
Federico toma mate. Recuerda el momento en que estaban sentados en la cocina pequeñísima de Paula. Federico se frota la barbilla para borrar la sensación de tirantez que le dejó el baño. Fue a visitar a Paula para decirle, como tantas otras veces, “¿me hacés unos mimos?”
Paula es su amiga del alma, hermana de la vida, compañera de andanzas desde la adolescencia. Federico piensa en cuánto la quiere y en lo fantástica que es esa relación.Paula lo miró entre divertida y nerviosa. Le cuenta su encuentro con Omar, le describe sus temores a perder la libertad que tanto ama. Y él le dice: “¿me hacés unos mimos?”
Ella mintió un compromiso inamovible. Él sabe que mintió y que la verdad es que no le parece correcto hacer el amor con él, no esta tarde, porque aún tiene el recuerdo de Omar en su cuerpo.
“Me voy, entonces”, dijo él. Se fue porque necesitaba sólo mentirse a sí mismo, imaginando un amor que no existe.
MIENTRAS SE QUEJA EL BANDONEÓN
El aire de la tarde despierta el recuerdo
de ese tango pegado en nuestros cuerpos,
el retorno de exquisitas sensaciones,
el torbellino de las risas y el deseo.
Mi voluntad cede el espacio a la conquista
que se define en el abrazo estrecho,
tus ojos que se callan las palabras,
mis ojos que se roban tus silencios.
La emoción de ser parte de la música,
ese tango no existía… hoy es nuestro,
y los lugares, nuestros rincones, esos detalles,
que antes no eran, ahora son eternos.
Bailar de a dos nunca fue tan simple,
la luna se hace cómplice del viento,
el viento nos obsequia sus caricias heladas,
yo buscando cobijarme en tu pecho.
Y otra vez tu mirada y mi mirada
celebrando el instante de un encuentro,
el impulso de dejarme llevar,
el sabor de tu boca en mis besos.
El cuidado de no acercarnos demasiado,
los temores a permanecer tan lejos
y guardar la distancia perfecta
que podrá resguardarnos del tiempo.
Suena el final de ese tango subyugante
que adivina nuestro pacto secreto,
tus ojos que se callan las palabras,
mis ojos que se roban tus silencios.
de ese tango pegado en nuestros cuerpos,
el retorno de exquisitas sensaciones,
el torbellino de las risas y el deseo.
Mi voluntad cede el espacio a la conquista
que se define en el abrazo estrecho,
tus ojos que se callan las palabras,
mis ojos que se roban tus silencios.
La emoción de ser parte de la música,
ese tango no existía… hoy es nuestro,
y los lugares, nuestros rincones, esos detalles,
que antes no eran, ahora son eternos.
Bailar de a dos nunca fue tan simple,
la luna se hace cómplice del viento,
el viento nos obsequia sus caricias heladas,
yo buscando cobijarme en tu pecho.
Y otra vez tu mirada y mi mirada
celebrando el instante de un encuentro,
el impulso de dejarme llevar,
el sabor de tu boca en mis besos.
El cuidado de no acercarnos demasiado,
los temores a permanecer tan lejos
y guardar la distancia perfecta
que podrá resguardarnos del tiempo.
Suena el final de ese tango subyugante
que adivina nuestro pacto secreto,
tus ojos que se callan las palabras,
mis ojos que se roban tus silencios.
CHAT
Cuando, amontonadas, las palabras llegan hasta el espacio celeste, ella las toma una a una, saboreándolas como bocados exóticos.
Sonríe a escondidas.
Nadie adivina que tras esas sonrisas enigmáticas está viviendo una historia de amor vía internet.
Por las tardes, ya liberada de sus tareas rutinarias, se explaya en interminables discursos dedicados a su ser amado. El se encuentra lejos. Inalcanzable por el momento. Por eso lo que comparten es maravilloso.
Ella lo inventa niño. Lo piensa egoísta y aniñado. Pero sus ganas de emocionarse le permiten descubrir la madurez y generosidad de su alma. Se dicen amigos, aunque ambos fantasean con el encuentro. La seducción los podría atrapar indefensos. Y ninguno desearía defenderse. Acudirian el uno a los brazos de la otra, sin pensar en quienes los rodean.
El día del encuentro está marcado por el destino. Ese día se permitirán aquello que no debían. Se amarán. Después no importa. El después no existe. Porque, sin dudas, "en el amor, lo maravilloso es lo que dejamos atrás".
Sonríe a escondidas.
Nadie adivina que tras esas sonrisas enigmáticas está viviendo una historia de amor vía internet.
Por las tardes, ya liberada de sus tareas rutinarias, se explaya en interminables discursos dedicados a su ser amado. El se encuentra lejos. Inalcanzable por el momento. Por eso lo que comparten es maravilloso.
Ella lo inventa niño. Lo piensa egoísta y aniñado. Pero sus ganas de emocionarse le permiten descubrir la madurez y generosidad de su alma. Se dicen amigos, aunque ambos fantasean con el encuentro. La seducción los podría atrapar indefensos. Y ninguno desearía defenderse. Acudirian el uno a los brazos de la otra, sin pensar en quienes los rodean.
El día del encuentro está marcado por el destino. Ese día se permitirán aquello que no debían. Se amarán. Después no importa. El después no existe. Porque, sin dudas, "en el amor, lo maravilloso es lo que dejamos atrás".
ELOGIO DE UNA MUJER DORMIDA
SOLO CUERPO
El sol se cae, como todos los días. El cielo se tiñe de negronoche y poco a poco mis ojos dejan de ver todo lo que pueden ver. Los ruidos van menguando lentamente hasta que mis oídos ya no pueden escuchar todo lo que escuchan. El calor de mi cuerpo en movimiento se pierde a medida que voy quedando quieta, quieta... y entonces mi cuerpo deja de sentir todo lo que siente.
Soy energía, dicen unos.Soy mujer dormida, dicen otros.
Ajena a ambas versiones, yo vuelo. Dejo mi cuerpo y me encuentro conmigo misma. Y allí te encuentro, siempre cobijándome.
Yo creo estar sin cuerpo cuando te encuentro.Pero mi cuerpo te requiere.
SOLO ALMA
La luna aosma, como todas las noches. Su redondez insolentemente blanca se refleja en cada charco de agua. El final del día marca el comienzo de los sentires de mi cuerpo. Lentamente crecen en mí sensaciones antes ocultas tras el constante movimiento de mis pensamientos.
Me vuelvo más cuerpo que nunca. Escucho mis latidos. Mi piel se enardece al roce de tu cuerpo. Mis manos buscan tus manos. Mi boca busca tu boca.
Yo creo estar sin alma cuando te busco.Pero mi alma te requiere.
El sol se cae, como todos los días. El cielo se tiñe de negronoche y poco a poco mis ojos dejan de ver todo lo que pueden ver. Los ruidos van menguando lentamente hasta que mis oídos ya no pueden escuchar todo lo que escuchan. El calor de mi cuerpo en movimiento se pierde a medida que voy quedando quieta, quieta... y entonces mi cuerpo deja de sentir todo lo que siente.
Soy energía, dicen unos.Soy mujer dormida, dicen otros.
Ajena a ambas versiones, yo vuelo. Dejo mi cuerpo y me encuentro conmigo misma. Y allí te encuentro, siempre cobijándome.
Yo creo estar sin cuerpo cuando te encuentro.Pero mi cuerpo te requiere.
SOLO ALMA
La luna aosma, como todas las noches. Su redondez insolentemente blanca se refleja en cada charco de agua. El final del día marca el comienzo de los sentires de mi cuerpo. Lentamente crecen en mí sensaciones antes ocultas tras el constante movimiento de mis pensamientos.
Me vuelvo más cuerpo que nunca. Escucho mis latidos. Mi piel se enardece al roce de tu cuerpo. Mis manos buscan tus manos. Mi boca busca tu boca.
Yo creo estar sin alma cuando te busco.Pero mi alma te requiere.
PEQUEÑAS DELICIAS DE LA VIDA MILONGUERA
Finaliza la tanda. Me conduce suavemente hacia el borde de la pista. Allí nos separamos cada cual a su mesa, no sin antes pronunciar el “Muchas gracias” que establece el protocolo. Tomo asiento nuevamente entre mis amigos. Mi respiración parece haber quedado en suspenso… con una lentitud espantosa voy regresando del espacio de su abrazo, pero algo me mantiene prendida a él y no consigo integrarme otra vez al grupo. Mi mirada se pierde en las figuras que ya están marcando los pies al iniciar la nueva tanda. Alguien me dirige un comentario y no respondo. La emoción que anida en mi pecho se resiste a desaparecer y permanece aún entre sus brazos, sosteniéndose en el recuerdo de los recientes tangos bailados. Y comienzo a revivir esos instantes una y otra vez para no perderlos. Su brazo derecho rodeando mi torso de manera segura y contenedora, sin apretar, sin soltar, construyendo el espacio de nuestra efímera intimidad. Acerco mi rostro al suyo, en un contacto casi imperceptible que convierte su pecho en la exquisita prisión del mío. Su mano izquierda toma la mía y se extiende hacia el costado. Los dedos no se cierran, simplemente nuestras palmas entran en sutil contacto. Cedo mi voluntad al hombre que decide hacia dónde vamos durante tres minutos infinitos. Así, protegida, acunada, conducida, sostenida, puedo cerrar mis ojos y volar con la música que flota en el ambiente. El tango nos conecta, nos une, nos sincroniza. Mis pasos son suyos. Siento la levedad de nuestros cuerpos girando y bailando. Hasta que finaliza la tanda.Intento escapar de estas emociones. Pensar en otra cosa. Escuchar los nuevos tangos que suenan ahora. Un frío casi imperceptible recorre mi espalda desde la cintura hasta la nuca. Con dolor me voy despidiendo de las emociones atesoradas hace instantes. Poco a poco regreso desde su abrazo hacia mí misma. Es un duelo interminable. Cada vez que bailo con él es un duelo... se me queda pegado en el cuerpo. Como si esa conexión necesaria para bailar fuese tan fuerte que se prende con garras en el alma. No es igual que con otros. Esto sólo sucede con unos pocos. Debería aprender y acostumbrarme, pero mi tendencia a la melancolía lo disfruta. Después de todo, son sólo unos instantes, hasta que poco a poco me despojo del dolor y la agonía. Entonces, ya puedo comentar con el resto del grupo, si la orquesta que suena me gusta.Y vuelvo a observar a mi alrededor, buscando el próximo abrazo, el próximo duelo.
LO QUE SIENTO
QUE EL ALMA NO TRANSCURRE EN EL AHORA NO TIENE TIEMPOS,
QUE NI EL AYER NI EL MAÑANA NI EL QUIZÁS
TIENEN CABIDA EN EL ENCUENTRO,
QUE LOS ESPACIOS OCUPADOS HASTA ENTONCES
SE TRADUCEN EN DESIERTOS,
QUE LA VIDA SE ADIVINA EN LOS SENTIRES
COLONIZANDO NUESTROS CUERPOS,
QUE EN LA EXALTACIÓN DE SENSACIONES INÉDITAS
SE ALIMENTAN ABRAZOS DE FUEGO,
QUE LAS PALABRAS SOBRAN
CUANDO SE LLENAN LOS SILENCIOS,
QUE EN EL MOMENTO DE LA UNIÓN DE LAS ALMAS
SE CONJUGA EL UNIVERSO,
QUE NO HAY DOS NI HAY UNO
EN EL INSTANTE DE RECONOCERNOS,
QUE CAEN IMPÁVIDAS E INERTES
LAS CORAZAS DE LOS MIEDOS,
QUE EN EL ABISMO CONTENIDO EN LAS ENTRAÑAS
SE DESHOJAN MUROS VIEJOS,
QUE LAS PASIONES, LAS MIRADAS, LOS SUDORES
SON INSTRUMENTOS
PARA FLUIR AL INFINITO. ES LO QUE SIENTO.
QUE NI EL AYER NI EL MAÑANA NI EL QUIZÁS
TIENEN CABIDA EN EL ENCUENTRO,
QUE LOS ESPACIOS OCUPADOS HASTA ENTONCES
SE TRADUCEN EN DESIERTOS,
QUE LA VIDA SE ADIVINA EN LOS SENTIRES
COLONIZANDO NUESTROS CUERPOS,
QUE EN LA EXALTACIÓN DE SENSACIONES INÉDITAS
SE ALIMENTAN ABRAZOS DE FUEGO,
QUE LAS PALABRAS SOBRAN
CUANDO SE LLENAN LOS SILENCIOS,
QUE EN EL MOMENTO DE LA UNIÓN DE LAS ALMAS
SE CONJUGA EL UNIVERSO,
QUE NO HAY DOS NI HAY UNO
EN EL INSTANTE DE RECONOCERNOS,
QUE CAEN IMPÁVIDAS E INERTES
LAS CORAZAS DE LOS MIEDOS,
QUE EN EL ABISMO CONTENIDO EN LAS ENTRAÑAS
SE DESHOJAN MUROS VIEJOS,
QUE LAS PASIONES, LAS MIRADAS, LOS SUDORES
SON INSTRUMENTOS
PARA FLUIR AL INFINITO. ES LO QUE SIENTO.
1999
Quisiera poder comprar, en un negocio que no existe, ese espejito donde podría espiar mi futuro. Pero ese espejito tampoco existe. Y me pregunto, entonces ¿cómo he de acallar las voces de mi alma? Esas voces que imploran con angustia que les dé a conocer los caminos que puedo tomar. Son las voces de la incertidumbre. Son voces que no callarán jamás, simplemente porque mi rumbo es impredecible. Sólo puedo limitarme a caminar, seguir siempre hacia delante. Los giros, las curvas, los recodos y las encrucijadas hacen de mi vida algo interesante y lleno de sentido. No puedo renegar de ello. A pesar de la angustia. Me gustan los caminitos difíciles, empedrados, pantanosos. No sigo las rutas limpias y odio pagar peaje. Pagar el precio estipulado para que “otros” señalen mi camino. Prefiero construír mi propio destino. De todas formas, mis caminitos informales también tienen su precio. Pago con mis esfuerzos, con mi sangre y mis sudores. Pago con mis tropiezos, mi cansancio y mi soledad. Mi soledad. Son muy pocos los seres que encuentro por estos pagos. La inmensa mayoría transita en sus autos cero kilómetro por rutas asépticas. En estos rumbos montañosos, los pocos seres que se atreven van a pie o en viejos cascachos que han hecho historia en sus vidas. A veces, muy pocas veces, encuentro alguien en estos caminos. Seres solitarios como yo. Gentes que cargan un pesado baúl de recuerdos como el mayor de los tesoros. Por momentos, nuestras miradas pueden cruzarse y hermanarse. Ajustamos el ritmo de nuestros pasos y quizás hasta tropezamos juntos en algún rincón escarpado. Nos sabemos diferentes. Diferentes al mundo. Bicho raros en la implacable ciudad que devora existencias. Nosotros nos sabemos a salvo. Yo lo encontré en una de mis curvas peligrosas, cuando queria desencontrarme de todo. Quise jugar una corta carrerita, pero terminé regalándole lo más puro y valioso que poseo: mis palabras. Tomé el sendero que me llevaría hasta su alma y constaté que todos los pasos estaban cerrados. Tiré piedritas a sus ojos, para despertarlo, pero dormía sueños de dolores recientes. Sus ojos estaban ciegos para mí. Y yo que creía que sólo jugaba, descubrí que su risa se me había pegado en la piel. Esa misma risa tímida me recuerda, a cada paso que doy, que vale la pena rumbear los caminos de montañas y cielos estrellados. Hay otros iguales a mí. Ya no estaré sola. Nunca más, aunque pierda su rastro y el sabor de sus besos. Valió la pena llegar hasta aquí. Siempre vale la pena llegar a algún lado. Aunque ahora, para continuar, deba llevar conmigo el dulce dolor de un pequeño raspón en algún sitio de mi alma.
HOY
¿Podrán hoy mis trazos indecisos describir con exactitud aquello que conforma el paisaje de mi espíritu? ¿Podré ser tan exacta y fiel a la realidad tal cual la vivo? Y es que las palabras que conozco, las pocas palabras que conozco, no parecen ser suficientes para explicarme por qué he invocado tantas veces tu nombre esta noche. Aborrezco sentirme vulnerable, y lo cierto que es tu presencia y aún tu ausencia me hacen sentir vulnerable. Te has convertido en alguien que moldea mis emociones y mis ánimos. Arrancando sonrisas de mis labios. Iluminando mi alma oscura. Definiendo mis deseos. Y la inocencia... ¡La inocencia! no volveré a encontrarla en otros ojos.
Instante
El dolor, punzante, no ha querido abandonarme. He inventado un buen manojo de excusas para no sentirlo.
Pero está ahí.
Sigue empeñandose conmigo. Me aleja de los otros. Me enferma.
Retuerze mis entrañas y deja en mi cuerpo marcas que son estigmas.
Se apagan mis ojos.
Se idiotizan mis verbos.
La espera se hace dolorosa.
El deseo se vuelve doloroso. Y dolorosos los sueños.
Me ubico fuera de mí, en un atardecer cualquiera, como un intento de negarme dolorida.
La que sufre es la del espejo... ésa que me mira cuando yo miro.
Tiene el rostro contraído por el dolor...
Pero está ahí.
Sigue empeñandose conmigo. Me aleja de los otros. Me enferma.
Retuerze mis entrañas y deja en mi cuerpo marcas que son estigmas.
Se apagan mis ojos.
Se idiotizan mis verbos.
La espera se hace dolorosa.
El deseo se vuelve doloroso. Y dolorosos los sueños.
Me ubico fuera de mí, en un atardecer cualquiera, como un intento de negarme dolorida.
La que sufre es la del espejo... ésa que me mira cuando yo miro.
Tiene el rostro contraído por el dolor...
Revelación
He tenido, de pronto, revelación de ciertos hechos ocurridos en otros tiempos... revelación de cosas que no pueden ser apresadas por palabras, y menos las mías (que las sé, harto limitadas e inmaduras).Äún así alcanzo a intuir de qué se trata esta existencia... Hay dentro mío, lo experimento hora tras hora, dos impulsos igualmente poderosos que pugnan por obrar en este mundo en que me encuentro. A ninguno han cedido el paso totalmente mi voluntad y mi razón. Revelación de todos los misterios de la vida. Revelación de ser parte de un ser, sin principio ni fin, sin tiempo ni espacio, más allá de lo evidente. Las palabras quedan cortas. Es algo que se sabe con la piel y los sentidos. Por eso, brindar amor a los demás, aún por encima de las barreras de nuestros prejuicios, es la mejor obra que podemos crear en nuestra breve existencia. El amor transforma.
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