viernes, 1 de enero de 2010

Paula
Llega a casa de Omar, tal como habían quedado el día anterior, a las 9:45 (quince minutos de retraso, para no quedar mal). Se detiene frente al portón de vidrio pero no golpea… espera unos segundos parada inmóvil intentando encontrar las razones de su presencia allí. No las evoca claramente. Buscando en su interior recuerda el poema que le enviara hoy Diego por mail. Palabras de amor y entrega total. Sólo que Diego está lejos, muy lejos, y además el pertenece a otra. Paula sonríe, gustosa de saberse amada a pesar de todo. Definitivamente, no le importan las circunstancias de esa pasión clandestina. La hace sentir viva. Y justamente es también por eso que se encuentra hoy aquí, frente al portón de Omar, para buscar otra excusa que le permita negar al tedio que la acecha hace tiempo.
Está segura que hoy Omar querrá llevarla a la cama, luciéndose viril y seductor. Ella lo dejará hacer, mansa y femenina, para rescatar emociones que enterró hace tanto tiempo.Lista, al fin, golpea la puerta.

Diego
Sale apurado de la reunión de Consejo, cansado y con un fuerte dolor de cabeza. Hace tiempo que dejó de sentir emoción por esas reuniones y por su trabajo. En el hall lo detiene su jefe para darle indicaciones sobre el artículo que debe publicarse el jueves. Lo escucha un momento y luego se disculpa aduciendo malestar. Sale al amplio pasillo de la Legislatura, el viento caliente golpea su rostro. Se detiene un instante en la balaustrada y mira detenidamente esas montañas que tanto ama. Detrás de ellas se encuentra Paula, a quinientos kilómetros de distancia, en la ciudad que alguna vez conoció. En un rapto de inspiración escribe para ella un poema lleno de emociones que creía olvidadas. Paula lo resucitó. Paula despertó en él todos sus sueños dorados. Sus amigos creen que está loco al asegurar que ama a sus dos mujeres: su esposa, y Paula. Pero él entiende que debe ser así, que es natural y no habría manera de evitarlo. A su esposa la ama todos los días, a Paula sólo con palabras.
Termina el poema y se dirige presuroso a su oficina, a enviar el mail que habrá de cautivar a su Paula. Otro más de los tantos que le escribe diariamente, hace ya casi dos años.

Omar
Omar se levanta esa mañana con ansiedad. Hoy vendrá ella. Han quedado en verse. Quiere saber si sus fantasías se harán realidad. Ella le gusta, en cierta forma se siente atraído. El primer día que la vió, algo en su ser le indicó que esta mujer era especial. Después tuvieron ocasión de charlar toda una noche y a medida que ella le hablaba él sólo pensaba en que quería llevarla a la cama. Eso es lo que hacía con todas las mujeres que le resultaban interesantes.
Pero además estaban las señales. El sabe bien que debe estar atento a las señales. La primera señal fue una sensación casi imperceptible en la piel, al verla. Después, la segunda, cuando ella le habló de su búsqueda espiritual, tema que viene revisando hace tiempo. Le habla de un libro que él ya leyó antes, y eso él lo interpreta como otra señal.
De todos modos, nada ha de desviarlo de sus sueños presentes. Quiere volar a través de la música, su música. Ha descubierto que puede ser muchas cosas más de las que es. Le habló a Paula de eso como le ha hablado a cuanta persona se le cruzó. Pero ella es la única que parece entenderlo. Sonríe. Se siente niño, después de haber estado muerto tantos años. Y se siente invencible…Tocan la puerta, Omar se despide de la imagen creada en su mente y corre a recibir a Paula.

Federico
Federico toma mate. Recuerda el momento en que estaban sentados en la cocina pequeñísima de Paula. Federico se frota la barbilla para borrar la sensación de tirantez que le dejó el baño. Fue a visitar a Paula para decirle, como tantas otras veces, “¿me hacés unos mimos?”
Paula es su amiga del alma, hermana de la vida, compañera de andanzas desde la adolescencia. Federico piensa en cuánto la quiere y en lo fantástica que es esa relación.Paula lo miró entre divertida y nerviosa. Le cuenta su encuentro con Omar, le describe sus temores a perder la libertad que tanto ama. Y él le dice: “¿me hacés unos mimos?”
Ella mintió un compromiso inamovible. Él sabe que mintió y que la verdad es que no le parece correcto hacer el amor con él, no esta tarde, porque aún tiene el recuerdo de Omar en su cuerpo.
“Me voy, entonces”, dijo él. Se fue porque necesitaba sólo mentirse a sí mismo, imaginando un amor que no existe.

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