Yo creo en la inocencia,
en la simpleza de la vida y el amor,
en los relojes que vomitan horas desiguales,
en la inconciencia de vivir mundos distintos,
en el silencio que une,
en el silencio que provoca abismos,
en recuerdos de tiempos pasados,
en la figura del hombre que amo,
en el entierro de vulgares odios que alguna vez fueron,
en las gotas de lluvia que aplastan la tierra,
en esas palabras santas que construyeron nuestros héroes,
en un errante andar de pasos vagabundos,
en casi todas las cosas reales y visibles,
en mi sonrisa, a veces falsa, a veces tierna,
en tu sonrisa, a veces amiga, a veces amante,
en cuanto sueño llega hasta mis manos,
en la esperanza de alcanzar el horizonte,
en un minuto que agolpa siglos de experiencia,
en el último recuerdo antes de la muerte,
en el ruido del alma cuando desespera,
en alguna herida que sangra y se desangra,
en las palabras que dijeron y prohibieron,
en los sucesos extraños que marcan una vida,
en la existencia de ángeles y brujos,
en cinco estrofas sintetizando sentimientos.
Creo en todo ello
y además puedo creer todo lo contrario,
sin motivos que me justifiquen,
claro que igual estoy creyedo en algo.
NO SE PUEDE NO CREER.
Yo creo en el sentido de la vida
más allá de dioses y sectas,
creo en las lindas sensaciones de cada día
que no hacen caso de la muerte
y creo en la amistad y en el amor
sin que nadie prometa eternidad después de ello.
Creo en la voluntad propia del hombre
y creo sin embargo que nos mueve algo mayor.
Yo creo en la tristeza dulce que asoma
sus narices cuando pienso mil cosas,
desenterrando mis vocablos olvidados
y encendiendo mis manos con poemas súbitos.
Cuando el asombro me empuja unos cuantos pasos
y la curiosidad rumia tres o cuatro hipótesis
yo creo en todo.
No se puede no creer.
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