Cuando, amontonadas, las palabras llegan hasta el espacio celeste, ella las toma una a una, saboreándolas como bocados exóticos.
Sonríe a escondidas.
Nadie adivina que tras esas sonrisas enigmáticas está viviendo una historia de amor vía internet.
Por las tardes, ya liberada de sus tareas rutinarias, se explaya en interminables discursos dedicados a su ser amado. El se encuentra lejos. Inalcanzable por el momento. Por eso lo que comparten es maravilloso.
Ella lo inventa niño. Lo piensa egoísta y aniñado. Pero sus ganas de emocionarse le permiten descubrir la madurez y generosidad de su alma. Se dicen amigos, aunque ambos fantasean con el encuentro. La seducción los podría atrapar indefensos. Y ninguno desearía defenderse. Acudirian el uno a los brazos de la otra, sin pensar en quienes los rodean.
El día del encuentro está marcado por el destino. Ese día se permitirán aquello que no debían. Se amarán. Después no importa. El después no existe. Porque, sin dudas, "en el amor, lo maravilloso es lo que dejamos atrás".
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