viernes, 1 de enero de 2010

Instante

El dolor, punzante, no ha querido abandonarme. He inventado un buen manojo de excusas para no sentirlo.
Pero está ahí.
Sigue empeñandose conmigo. Me aleja de los otros. Me enferma.
Retuerze mis entrañas y deja en mi cuerpo marcas que son estigmas.
Se apagan mis ojos.
Se idiotizan mis verbos.
La espera se hace dolorosa.
El deseo se vuelve doloroso. Y dolorosos los sueños.
Me ubico fuera de mí, en un atardecer cualquiera, como un intento de negarme dolorida.
La que sufre es la del espejo... ésa que me mira cuando yo miro.
Tiene el rostro contraído por el dolor...

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